Dejé pasar los soles y las lunas y el ardiente fulgor de las palabras y aquietada en un verde remolino me vi desnuda y florecida el alma. . Hubo un día cualquiera, un sol radiante de rodilla en el suelo, sin más lágrimas… y mis brazos abiertos que querían, abrazarse a esa cruz, enamorada. .Sigue leyendo “Regreso a casa”
