(1985)
Ya vino el otoño y se anidó en mi techo,
replegó sus alas y acunó en silencio
las hojas rojizas… la parra y el ceibo.
Quedaron las hojas barridas del viento
los ojos sin vida, reflejando el cielo,
¿podré yo algún día… mecida de tiempo
cobijarme quieta sobre un tibio lecho
mustia y palpitante, cual hoja de invierno
y en mis ojos muertos reflejar el cielo?
