(1990)
¿Qué más quieres de mí… dulce enemiga…
acaso no te di mis rosas blancas?
¿Acaso no abracé tus mil auroras
entre lágrimas, risas y esperanzas?
¿Qué más quieres de mí… dulce enemiga…
o lo que yo te di no lo esperabas?
¿O deseabas, tal vez, otros colores
de un arco iris que yo no alcanzaba?
¿Quieres gotas de lluvia de mis manos?
¿Quieres fuerza en mi sangre adormilada?
¿Quieres, tal vez, perfumes de rojos ramilletes
que salgan en mi piel de forma alada?
¿Qué quieres, amiga y enemiga
mi más dulce y voraz inalcanzada?
Si no trepas al árbol de mis sueños
no puedo conocer tus grandes ansias.
¿Qué deseas de mí? Ya no soportas
el enrejarme triste y desolada
hoy me abres las puertas de mi cárcel
pero tiendes a atarme mis dos alas.
¿Qué más quieres de mí? Hoy te me acercas,
y me pides con burda carcajadas
que te muestre… que tengo las manos tan vacías
como vacía el alma y la mirada.
Y te ríes de mí, porque no veo,
porque me siento ciega y sin palabras
porque sabes que voy por un camino tan largo…
que se llena de distancias.
Y ya no quiero verte… dulce amiga,
y enemiga feroz… riéndote de mí
en cualquier esquina de cada madrugada.
Déjame libre… lucharé con las fuerzas de mi alma
desataré por fin mis alas rotas,
y saldré de esta cárcel…
… ¡aunque caiga!…
